Paciente terminal y dolor oncológico

E. Robles García , F. S. Miralles Pardo

*Correspondencia: E. Robles García, Email no disponible

Resumen

El concepto terminal posee unas premisas básicas que incluyen: falta de respuesta a los tratamientos específicos, sintomatología múltiple e intensa, impacto emocional y pronóstico de vida inferior a 6 meses.Existen diferentes tipos de dolor en el paciente oncológico y es importante tipificar bien las características porque la aproximación terapéutica puede ser diferente. Existen, sin embargo, una serie de síndromes comunes del dolor oncológico que conviene conocer, como los derivados de las metástasis raquídeas, de huesos sacros y de la base del cráneo, la infiltración de nervios periféricos, las metástasis cerebrales, la compresión medular, la afectación de vísceras abdominales y la afectación de las mucosas. La evaluación del paciente terminal con dolor oncológico presenta algunas consideraciones particulares, y especialmente la ausencia de síntomas neurovegetativos habituales en el dolor agudo. Se utilizan, no obstante, las mismas escalas y cuestionarios que en otros dolores crónicos, como el McGill Pain Questionnaire, Darmouth Pain Questionnaire, West Yale Multidimensional Pain Questionnaire. Es necesaria la comparación cronológica de las mediciones efectuadas para evaluar la evolución del dolor. El tratamiento del paciente terminal con dolor oncológico incluye el uso de AINE y analgésicos no opiáceos. El metamizol es más potente que los AINE clásicos y su acción analgésica en dosis altas puede ser equiparable a la morfina. A diferencia de los restantes AINE tiene un efecto espasmolítico que lo hace especialmente útil en dolores viscerales tipo cólico. Los opiáceos aunque han mejorado en su prescripción siguen siendo infrautilizados. El riesgo de adicción, tolerancia y dependencia física no son ninguno de la entidad suficiente como para privar al paciente oncológico del beneficio de su uso. La morfina oral por presentar una biodisponibilidad del 20% obliga a utilizar dosis altas. La forma galénica de liberación sostenida permite mejorar su utilización y el cumplimiento, y la dosis de inicio presenta una gran variabilidad individual. Los efectos indeseables incluyen: sequedad de boca, náuseas y vómitos, estreñimiento, sudoración, sedación, somnolencia y delirio, vértigos, posible depresión respiratoria, hipotensión ortostática, retención urinaria y prurito. La metadona, el dextropropoxifeno, la codeína, la dihidrocodeína y el tramadol son considerados en la actualidad como opiáceos alternativos. La meperidina, por la acumulación de su metabolito neurotóxico, la normeperidina, no se utiliza en dolor crónico, y el coctel de Brompton, que mezcla morfina, cocaína y ginebra, por el supuesto efecto potenciador de la analgesia del alcohol y la cocaína, no presenta ventajas con respecto a la solución acuosa de morfina. Otras vías de administración incluyen: intramuscular, endovenosa, subcutánea, transdérmica y rectal, así como la vía espinal en situaciones especiales. En cuanto a las formas de programar la analgesia, existen 3 formas: la escala de la OMS, según necesidad y a intervalos fijos. No obstante todo lo anterior, el tratamiento sintomático del paciente oncológico terminal requiere de un tratamiento integral, que ha sido bien definido por la SECPAL.

Palabras clave:  Dolor oncológico. Opiáceos. Vía espinal.

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